Las chichiguas de papel prefieren los relámpagos

Las chichiguas de papel prefieren los relámpagos

Hace unos años estuve charlando con mis familiares sobre temas de trabajo, política y relaciones en general, como siempre, hubieron muchas opiniones y pocas conclusiones pero siempre algo se queda, aunque no lo tengas pendiente, luego de una extensa conversación, siempre hay algo que más tarde recuerdas, quizás un consejo que utilizas o una experiencia compartida que te ayuda a tomar mejores decisiones en el futuro.

Una de esas cosas que se me quedaron fue un consejo que me dio mi abuela, recuerdo cuando al hablar de un trabajo que me habían ofertado a los 17 años me replicó, “Muchacho que trabaja desde temprano le coje mucho amor al dinero”. Yo entendí, pero no comprendí que tan malo era tener una fuerte sed por superarse, mi mente no había madurado lo suficiente como para procesarlo.

Así un día conocí a Romano, un muchacho aparente, descuidado, astuto pero no muy inteligente. Era mi panita, recuerdo que me veía como un hermano a quien podía escuchar. Pues ese amigo mío decidió no hacer estudios superiores, aún luego de haber ido para segunda y tercera convocatoria de pruebas nacionales no se interesó por hacer ni cursos, ni diplomados ni talleres; Su única meta era hacer dinero, su ejemplo fue su familia, personas que no estudiaron y vivían la vida del cuento, para mí, una decepción, una decisión horrenda, para él, un reto, un estilo de vida, un camino diferente.

No estoy en contra de las personas que deciden no estudiar, incluso, pienso que con el actual sistema educacional superior en el país se pierde por lo menos el 50% del tiempo en la universidad, y del resto solo se aprovecha algún 25% para la vida profesional, el problema que yo percibía era que mi amigo Romano no poseía ninguna cualidad que lo pudiera acompañar en este camino, dije que era astuto, pero no es una persona capaz de razonar objetivamente frente a situaciones de la vida, no tenía ningún don característico y mucho menos capital para construir su propio negocio.

Romano quería vivir del joseo; y así saltó de trabajo en trabajo, desde vender celulares hasta intercambiar bienes, vendedor de ropa, agente inmobiliario, vendedor de publicidad, en fin, pasó por todo pero nunca encontró una buena oportunidad, se perdió en el tiempo, amó el dinero, recuerdo que le encantaba la ropa fina y la bebida, preferiblemente si el pote decía blue o si tenía un ganzo, pero solo bebía lo que podía y gastaba lo que conseguía en apariencia, amó el dinero desde muy temprano, hoy día quiere hechar hacia adelante, pero se le hace imposible pues no estudió ni tiene ningún tipo de experiencia valiosa que ofrecer en ningún puesto de trabajo, perdió su tiempo, algo que vale infinitamente más que el dinero.

Así como le pasó a mi amigo, me ha pasado a mí… Les ha pasado a muchos. Queremos tomar retos que aún no somos capaces de completar, sentimos una falsa de seguridad cuando nuestro autoestima está alto y no nos valoramos por lo que realmente somos, nos sentimos preparados, motivados, pero fracasamos, y al hacerlo nos sentimos haber aterrizado boca abajo en una piscina de estiércol.

Así aprendí yo a valorarme por lo que realmente soy, luego de levantarme después de haber caído, pero siempre me siento listo para nuevos retos; hoy pienso mejor y deduzco de manera más perspicaz, mis tácticas son bastante más ingeniosas y mi cerebro cada vez aprende más rápido, aún así, muchas veces no soy objetivo en cuando a mi persona, pienso que puedo lograr lo que me proponga, sin miedo al fracaso, quizás alguien lo considere envidiable pero yo lo considero espeluznante…

Y es que en realidad yo soy como una chichigua de papel que prefiere volar alto, me encanta besar el cielo, pero en ocasiones no sé si me ciego por las nubes o si es que me encantan los romances con los relámpagos.